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A diferencia de los métodos tradicionales de evaporación, la DLE propone extraer litio directamente desde las salmueras mediante tecnologías de adsorción o intercambio iónico. Para ello, la salmuera es bombeada hacia una unidad de procesamiento, donde una resina o material adsorbente captura el litio. Posteriormente, la salmuera residual es reinyectada al mismo sistema.
Sin embargo, más allá de su promesa tecnológica, esta tecnología introduce un nuevo estándar de exigencia ambiental y normativa. Esto, porque ya no se trata únicamente de cuánto litio puede recuperarse, sino también de cómo se comporta el sistema una vez que la salmuera es devuelta al salar.
Mientras las operaciones tradicionales retornan entre un 10% y un 15% de la salmuera extraída, las tecnologías de DLE proyectan reinyecciones cercanas al 100%. La pregunta clave, entonces, no es sólo cuánto se extrae, sino qué ocurre cuando esa salmuera vuelve al acuífero.
En este contexto, uno de los principales desafíos es la gestión hídrica, porque el proceso implica extraer salmuera, procesarla y posteriormente reinyectarla, lo que exige una comprensión profunda del sistema hidrogeológico. Las propiedades de la salmuera reintegrada, tales como su densidad, composición química, temperatura y niveles de saturación, están sujetas a variaciones que podrían comprometer el equilibrio del acuífero receptor. Dichas fluctuaciones corren el riesgo de alterar los flujos naturales, modificar la interacción entre estratos subterráneos e impactar negativamente en ecosistemas sensibles.
Por eso, resulta indispensable evaluar la compatibilidad entre la salmuera tratada y el entorno donde será reinyectada, anticipando posibles efectos antes de que ocurran. A esto se suma la necesidad de diseñar adecuadamente los pozos de extracción y reinyección, considerar restricciones ambientales, monitorear el comportamiento de los acuíferos y desarrollar estudios específicos que permitan entender cómo responde el sistema en cada etapa del proceso.
Es por esto, que decimos que la DLE no elimina la complejidad. La transforma. Frente a este escenario, la viabilidad de un proyecto no depende únicamente de la tecnología utilizada, sino también de la capacidad de gestionar riesgos, cumplir con la normativa vigente y generar confianza en el entorno.
En GP Consultores entendemos que el desarrollo de proyectos de DLE requiere mucho más que soluciones tecnológicas. Requiere un acompañamiento integral que permita tomar decisiones sobre la base de información confiable, trazable y oportuna.
A ello se suma la evaluación permanente del cumplimiento de la Resolución de Calificación Ambiental, la detección temprana de brechas, la elaboración de informes de incidencias y el apoyo a la inspección ambiental mediante mediciones ETFA bajo altos estándares técnicos.
En paralelo, el desarrollo de estudios específicos permite comprender en profundidad el comportamiento de los sistemas naturales, las dinámicas del acuífero y las características particulares de cada salar.
En un contexto donde la operación minera está cada vez más expuesta al escrutinio público, la gestión ambiental deja de ser únicamente un componente técnico para convertirse también en una señal de compromiso, responsabilidad y capacidad de anticipación.